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![]() Sobre algunos temas en Paoletti |
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¿Estamos ante la obra de un poeta?, ¿la manifestación de un cantautor?, ¿la perfomance de un solista? Paoletti nos tiene acostumbrados al desconcierto, su trabajo nos ha habituado a descorrer los hilos de lo previsible. Saltó a las marquesinas de la Capital bajo el tímido señuelo de un premio en la famosa Bienal del 89. El rock ya le tiraba, entonces empezó a desgranar la virulencia y la incomprensión en trazos de un humor fatigado bajo las órdenes de Copiloto Pilato. La poesía seguía ahí, como una cruz, como un diamante. Por eso cargó con el mote de ¨poeta montegrandino¨, por eso siguió vinculándose con el destello de las palabras. El mar, los arboles, dormir, el cansancio, ya estaban presentes tanto en sus letras como en sus poemas, y ventilaban ciertas obsesiones que con el tiempo se volverán recurrentes. Porque no hay nada que haga más singular a un escritor o un poeta que la recurrencia: Baudelaire esperando por el spleen de París, las mujeres y el sexo; Borges viviendo la tensión entre los pasillos de la biblioteca y las veredas de Palermo, la valentía de los cuchillazos y el crepitar de los libros. Lo que está siempre presente es la perseverancia de esa ausencia que lo construye y lo incinera todo, la persistencia voraz de un algo que decir inhóspito y banal a la vez. Porque Paoletti, más de una vez, allá en el desierto argentino-chileno, acá en el fondo de su casa (rodeado por los ciruelos) tuvo una suerte de visión, como un llamado: ya nada tenía sentido, entonces todo era posible. ¨Es claro, toda vida es un proceso de demolición¨, así da comienzo el auto flagelante Crack-Up con que el escritor norteamericano F. Scott Fitzgerald buscó redimirse o consumirse o... Paoletti, entregado a la sinuosa marea de lo cotidiano, ha aprendido a dudar de los horizontes, de los limites, de las metas; subsisten, por cierto, las huellas, las voces, los recuerdos y los murmullos que se mezclan con otras historias, otros episodios, otros encuentros. Pero en sus campos ya estaba sembrada la semilla de la desconfianza, a la que reforzó con bocanadas de esfuerzo personal y dedicación laboral (no tiene un trabajo, sino dos). En la ira, alegría, ironía o en su desamparo, Paoletti entrega un testimonio incesante de ¨esa magia en que la conexión de ciertos hechos sociales con ciertos sonidos crea los símbolos irresistibles de la transformación de la realidad social¨ (Greil Marcus). Está claro que preguntarse si es poeta, cantautor o solista es lo de menos. Gustavo Alvarez Nuñez - Diciembre de 1997. |
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